Monique Wittig, Le corps lesbien

"M/i muy deliciosa empiezo a comerte, m/i lengua humedece el pabellónde tu oreja, deslizándose alrededor de ella con delicadeza, mi/i lengua se introduce en él, toca el conducto, m/is dientes buscan el lóbulo, empiezan a mascarlo, m/i lengua se introduce en el conducto de tu oreja. Y/o escupo, y/o te lleno de saliva. Una vez engullida la parte externa de tu oreja y/o te reviento el tímpano, m/e encuentro el martillo redondo rodando entre mis labios, m/is dientes lo trituran. Y/o encuentro el yunque y el estribo, los casco, y/o escarbo con m/is dedos, y/o arranco un hueso, m/e lanzo sobre el soberbio caracol hueso y membrana completamente enrollados, y/o los devoro, y/o hago estallar los canales circulares, y/o olvido el mastoideo, horado hasta el maxilar, y/o miro el interior de tu mejilla, y/o te miro por dentro, y/o m/e pierdo, y/o estoy perdida, y/o estoy envenenada por ti que me nutres, y/o me encojo, m/e empequeñezco, ahora y/o soy una mosca y/o domino el funcionamiento de tu lengua; tú intentas en vano escupirm/e, te ahogas, y/o soy tu prisionera, y/o estoy pegada a tu paladar rosa y viscoso, y/o poso mis ventosas contra tu dulce campanilla.”

 

MONIQUE WITTIG, Le corps lesbien.

 

 

La lucha de clases según el marqués de Sade


"La dureza de los ricos legitima el mal comportamiento de los pobres: que sus bolsas se abran a nuestras necesidades, que la humanidad reine en su corazón, y las virtudes podrán
establecerse en el nuestro; pero en tanto que nuestro infortunio, nuestra paciencia para soportarlo, nuestra buena fe, nuestra servidumbre, sólo sirvan para aumentar nuestros grilletes, nuestros crímenes son obra suya, y seríamos muy tontos en negárnoslos cuando pueden aliviar el yugo con que su crueldad nos sobrecarga. La naturaleza nos ha hecho nacer a todos iguales, Thérese; si la suerte se complace en estorbar este primer plan de las leyes generales,
a nosotros nos corresponde corregir sus caprichos y reparar, mediante nuestra habilidad, las usurpaciones del más fuerte. Me gusta oír a la gente rica, a la gente con título, a los magistrados, a los curas, ¡me gusta verles predicarnos la virtud! Es muy difícil asegurarse contra el robo cuando se tiene tres veces más de lo que hace falta para vivir; muy incómodo no concebir jamás el asesinato, cuando se está rodeado de aduladores o de esclavos para quienes nuestras voluntades son leyes; muy penoso, a decir verdad, ser moderado y sobrio, cuando a cada hora se está rodeado de los manjares más suculentos; les cuesta mucho ser sinceros, ¡cuando no tienen ningún interés en mentir!… Pero nosotros, Thérese, nosotros a quienes esta Providencia bárbara, con la que cometes la locura de convertirla en tu ídolo, ha condenado a arrastramos por la humillación como la serpiente por la hierba; nosotros, a los que se nos mira sólo con menosprecio, porque somos pobres; a los que se tiraniza, porque somos débiles; nosotros, cuyos labios sólo prueban la hiel, y cuyos pasos sólo encuentran abrojos,
¡quieres que nos privemos del crimen cuando sólo su mano nos abre la puerta de la vida, nos mantiene en ella, nos conserva en ella, y nos impide perderla! ¡Quieres que perpetuamente sometidos y degradados, mientras la clase que nos domina tiene para sí todos los favores de la
Fortuna, nos reservemos sólo la pena, el abatimiento y el dolor, la necesidad y las lágrimas, la deshonra y el cadalso! No, Thérese, no: o esta Providencia que tú reverencias sólo merece nuestro desprecio, o no son éstas en absoluto sus voluntades. Conócela mejor, hija mía, y convéncete de que si nos pone en situaciones en las que el mal nos resulta necesario, y nos deja al mismo tiempo la posibilidad de ejercerlo, es porque ese mal sirve tanto a sus leyes
como el bien, y gana tanto con uno como con el otro. Si nos ha creado a todos en el estado de la igualdad, quien la altera no es más culpable que quien procura restablecerla. Ambos actúan de acuerdo con los impulsos recibidos, ambos deben seguirlos y disfrutar.” MARQUÉS DE SADE, Los infortunios de la virtud.


"Esta división no abarca la división social, aunque no sea un elemento desconocido para Sade. Las víctimas son de todos los rangos, y aunque los nobles estén en cierta forma mejor considerados, es porque el "buen tono" es un operador capital de la lujuria, en razón de la mayor humillación de la víctima (…)Y si los amos siempre pertenecen a las clases superiores, es porque no se puede ser libertino sin dinero. El dinero sadiano, sin embargo, tiene dos funciones diferentes. En primer lugar, parece tener un papel meramente práctico: permite la compra y mantenimiento de los harenes: medio en estado puro, no es objeto de estima ni de desprecio, simplemente se desea que no sea un obstáculo para el libertinaje; por ejemplo, en la Sociedad de los Amigos del Crimen, se prevé un descuento para veinte artistas o gente de letras, de escasa fortuna, como es bien sabido, con quienes “la sociedad, protectora de las artes, desea tener un detalle(…) El dinero es la prueba del vicio y alimenta el placer: no porque procure placeres (en Sade lo que “da placer” no es nunca “placentero” en sí) sino porque garantiza el espectáculo de la pobreza; la sociedad sadiana no es cínica, es cruel; no dice: tiene que haber pobres para que haya ricos; dice lo contrario: tiene que haber ricos para que haya pobres, la riqueza es necesaria porque convierte a la pobreza en espectáculo (…)El dinero no designa pues en modo alguno lo que adquiere (no es un valor), sino lo que apunta (es un operador de separación).” ROLAND BARTHES, “Sade, Fourier, Loyola”

Ser Orestes/Georges Bataille


Ser Orestes

El tapete verde es esta noche estrellada en la que caigo, arrojado como el dado en un campo de posibles efímeros.
No tengo una razón para “considerarla mala”.
Siendo una caída ciega en la noche, supero mi voluntad a mi pesar (que no es en mí más que algo dado); y mi miedo es el grito de una libertad infinita.
Si no superase de un salto la naturaleza “estática y dada”, estaría definido por las leyes. Pero la naturaleza juega conmi­go, me arroja. LEJOS de sí misma, más allá de las leyes, de los límites que la hacen amada de los
 humildes.

Soy el resultado de un juego, lo cual, si yo no existiera, no sería, lo cual podía no ser.

Soy, en medio de una inmensidad, un más que desborda esta inmensidad. Mi dicha y mi ser mismo dimanan de ese carácter desbordante.
Mi estupidez ha bendecido la naturaleza caritativa, arrodi­llada ante Dios.
Lo que soy (mi risa y mi dicha ebrias), no es por eso menos aventurado, confiado al azar, arrojado fuera en la noche, expulsado como un perro.

El viento de la verdad ha respondido como una bofetada a la mejilla ofrecida de la piedad.
El corazón es humano en tanto en cuanto se rebela (eso quise decir: ser un hombre es “no inclinarse ante la ley”).
Un poeta no justifica –no acepta- por completo la naturaleza. La verdadera poesía se halla fuera de las leyes. Pero la poesía, por último, acepta la poesía.

¡Cuándo aceptar la poesía la convierte en su término contrario (se vuelve mediadora de una aceptación)! Contengo el salto con el que superaría el universo, justifico el mundo que nos es dado, me conformo con él.

¡Insertarme en lo que me rodea, explicarme o no ver en mi insondable noche, sino una fábula para niños (tener una imagen o física o mitológica de mí mismo)! ¡No!…

Renunciaría al juego.

Me niego, me rebelo, pero porqué perderme. Si delirase sería simplemente natural.

El delirio poético ocupa un lugar en la naturaleza. La justifica, acepta embellecerla. El rechazo pertenece a la conciencia clara, que valora cuanto le acontece.

La clara distinción de los diversos posibles, el don de llegar hasta el último confín, son resultado de la atención serena. El juego sin retorno de mí mismo, el ir más allá de todo lo dado exige no sólo esa risa infinita, sino también esta meditación lenta (insensata, pero por exceso).

Es la penumbra y el equívoco. La poesía aleja al mismo tiempo de la noche y del día. No puede ni cuestionar ni accionar este mundo que me traba.

Esa amenaza suya se mantiene: la naturaleza puede aniqui­larme —reducirme a lo que ella es, anular el juego al que yo juego por encima de ella— que exige mi locura, mi alegría, mi vigilia infinitas.

Relajarse retira del juego y el exceso de atención, lo mismo. El arrebato jubiloso, el salto desatinado y la calma lucidez se le exigen al jugador, hasta el día en que le abandona la suerte o la vida.

Me acerco a la poesía; pero para ofenderla.





En el juego que supera la naturaleza, es indiferente que yo la supere o que ella se supere en mí (ella es quizá toda entera exceso de sí misma), pero, con el tiempo, el exceso se inserta al fin en el orden de las cosas (moriré en ese momento).

He necesitado, para aprehender algo posible en medio de una evidente imposibilidad, figurarme primero la situación inversa.

Suponiendo que yo quiera limitarme al orden legal, tengo pocas posibilidades de lograrlo por entero: pecaré de inconse­cuente, de rigor desafortunado…

En el rigor extremado, la exigencia de orden detenta un poder tan grande que no puede volverse contra sí misma. En la experiencia que de ello tienen los devotos (los místicos), la persona de Dios está situada en la cúspide de un sinsentido inmoral: el amor del devoto realiza en Dios —con el que se identifica— un exceso que, si lo asumiera personalmente, lo hincaría de rodillas, asqueado.

La reducción al orden fracasa, de cualquier modo: la devoción formal (sin exceso) conduce a la inconsecuencia. Por tanto, la tentativa inversa tiene probabilidades. Le es preciso seguir caminos tortuosos (risas, náuseas incesantes). En el plano en el que se representan esas cosas, cada elemento se convierte en su contrario incesantemente. Dios se carga de pronto de “horrible grandeza”. O la poesía deriva hacia el embellecimiento. A cada esfuerzo que hago por aprehenderlo, el objeto de mi anhelo se convierte en el contrario.

El fulgor de la poesía se manifiesta fuera de los momentos que alcanza en un desorden de muerte.

(Un común acuerdo sitúa aparte a los dos autores que sumaron al de la poesía el fulgor de un fracaso. El equívoco está ligado a sus nombres, pero uno y otro agotaron el sentido de la poesía que acaba en su contrario, en un sentimiento de odio a la poesía. La poesía que no se eleva al sinsentido de la poesía no es más que el vacío de la poesía, que la poesía bella.)





¿Para quién son esas serpientes?

Lo desconocido y la muerte… sin el mutismo de res, el único suficientemente sólido en tales caminos. En lo desconocido, ciego, sucumbo (renuncio a la eliminación razonada de los posibles).

La poesía no es un conocimiento de sí, y menos aún la experiencia de un lejano posible (de lo que anteriormente no existía) sino la simple evocación con palabras de posibilidades inaccesibles.

La evocación tiene sobre la experiencia la ventaja de una riqueza y de una facilidad infinita pero aparta de la experiencia (esencialmente paralizada).

Sin la exuberancia de la evocación, la experiencia sería razonable. Comienza a partir de mi locura, si la impotencia de la evocación me asquea.

La poesía abre la noche al exceso del deseo. La noche que han dejado los estragos de la poesía es en mí la medida de un rechazo —de mi loca voluntad de desbordar el mundo—. También la poesía desbordaba ese mundo, pero no podía cambiarme.
Mi libertad ficticia aseguró ante todo que no destruía la ley de lo dado por la naturaleza. Si me hubiera conformado, me habría sometido con el tiempo a la dimensión de lo dado.

Continuaba cuestionando los límites del mundo, al ver la miseria de quien con ellos se conforma, y no pude soportar por mucho tiempo lo fácil de la ficción: yo le exigía la realidad, me volví loco.


Si mentía, me quedaba en el plano de la poesía, de una superación verbal del mundo. Si perseveraba en una denigración ciega del mundo, mi denigración era falsa (como la superación). En cierto modo, mi conformidad con el mundo se profundizaba. Pero al no poder mentir a sabiendas, me volví loco (capaz de ignorar la verdad). O al no saber ya, para mi solo, representar la comedia de un delirio, me volví loco pero interiormente: viví la experiencia de la noche.

La poesía dio simplemente un giro: escapé por ella del mundo del discurso, que para mi se había convertido en el mundo natural, entré con ella en una especie de tumba donde la infinitud de lo posible nacía de la muerte del mundo lógico.

Al morir la lógica, daba a luz locas riquezas. Pero lo posible evocado no es sino irreal, la muerte del mundo lógico es irreal, todo es turbio y huidizo en esta oscuridad relativa. Puedo burlarme de mí mismo y de los demás: ¡todo lo real carece de valor, todo valor es irreal! De allí esa facilidad y esa fatalidad de deslizamientos en los que ignoro si miento o estoy loco. La necesidad de la noche procede de esa situación desafortunada.

La noche no podía sino desviarse de todo ello.

El cuestionarlo todo nacía de la exasperación de un deseo, ¡que no podía abocar al vacío!

El objeto de mi deseo era, en primer lugar, la ilusión y no pudo ser más que en segundo lugar el vacío de la desilusión.

El cuestionamiento sin deseo es formal, indiferente. No es de ello de lo que podría decirse: “Es idéntico al hombre”.

La poesía revela un poder de lo desconocido. Pero lo desconocido no es más que un vacío insignificante, si no es el objeto de un deseo. La poesía es término medio, oculta lo conocido en lo desconocido: es lo desconocido ornado de los colores cegadores y de la apariencia de un sol.

Deslumbrado por mil figuras en las que se componen el tedio, la impaciencia y el amor. Ahora mi deseo sólo tiene un objeto: lo que hay más allá de esas mil figuras y la noche.
Pero en la noche miente el deseo, y de esa forma, deja de parecer su objeto. Esa existencia que yo he llevado “en la noche” se asemeja a la del amante cuando muere el ser amado, a la de Orestes al enterarse del suicidio de Hermione. No puede reconocer en la naturaleza de la noche “lo que ella esperaban”.
suplementoenergetico:

Poetry casette.

suplementoenergetico:

Poetry casette.

(Source: rejoiceful)


Ya está aquí el segundo número de la Revista Kokoro. Esta vez nos hemos ovillado entre fantasmas.

http://revistakokoro.com/

Encontraréis textos de Rubén Martín, Rebeca Yanke, Nancy Gallegos, Natalia Litvinova, Raúl Quinto, Òscar Solsona, Mariel Manrique, Iván Humanes, Miroslava Rosales, Laura Giordani, Esther Ramón, Ruth Llana, Enrique Morales, Ana Hidalgo, Lola Nieto, Anabel Cristóbal, Antonio Rodríguez, Laia López Manrique, y traducciones de Mutsuo Takahashi por Daniela Camacho, Danielle Collobert por Antonio Rodríguez, Eleni Nanopulu por Mario Domínguez, Rolando Pérez por Óscar Curieses, y Robert Antelme por Laia López. 

Muy pronto empezaremos a comentar los trabajos en este blog: www.revistakokoro.blogspot.com

Poemas de Anise Koltz (Luxemburgo, 1928)


Abattez mes branches

sciez-moi en morceaux

les oiseaux continuent à chanter

dans mes racines

Des pierres lancées

contre moi

j’ai construit les murs

de ma maison

***

Marcher

sans rien atteindre

jusqu’à devenir chemin

***

L’oiseau en plein vol

se jette

contre le soleil

et le fracasse

Chaque soir

le paradis brûle

***

Il n’y a pas de différence

entre l’intérieur et l’extérieur

entre les paroles et les pierres

En les soulevant

tu me trouveras

orvet

enroulée sur moi-même

***

J’ignore

si je vis dans l’ordre

ou le désordre

Si aujourd’hui est hier

ou demain

Ou les deux ensemble

***

Ma porte d’entrée

fournira le bois

de mon cercueil

Que la possibilité

de l’ouvert demeure

***

Tu dors

face au mur

écran de tes rêves

qui projette les tares secrètes

de ton sang

***

Un homme puissant

comme un fleuve

traverse mon lit

Il le transforme

à la fois

en réserve naturelle

en champ d’expérimentation

en abattoir

***

Tu prononces mon nom

comme celui d’un étang

Tu as dépossédé

mes rives

Héron

tu régnes sur mes eaux

***

J’aime te sentir

sur moi

pont écroulé

Ma rivière

t’accueillera

et polira tes pierres

***

Face à la mort

mon père évoque son passé -

son cœur s’ouvre

telle une vieille armoire

qui craque

Soudainement

nous suffoquons

sous une couche

de poussière épaisse

***

Ma mère est morte -

Je la retiens comme les larmes

que je ne peux verser



Abatid mis ramas

cortadme en pedazos

las aves continúan cantando

en mis raíces

Con las piedras arrojadas

contra mí

he construido los muros

de mi casa

***

Andar

sin llegar a nada

hasta convertirse en camino

***

El ave en pleno vuelo

se arroja

contra el sol

y lo hace pedazos

Cada atardecer

el paraíso arde

***

No hay diferencia

entre el interior y el exterior

entre las palabras y las piedras

Al levantarlas

me encontrarás

anfisbena

enrollada sobre mí misma.

***

Ignoro

si vivo en el orden

o el desorden

Si el día de hoy es ayer

o mañana

O los dos a la vez

***

Mi puerta de entrada

proveerá la madera

de mi ataúd

Que la posibilidad

de lo abierto permanezca

***

Duermes

de cara al muro

pantalla de tus sueños

que proyecta las taras secretas

de tu sangre

***

Un hombre poderoso

como un río

atraviesa mi lecho

Lo transforma

a la vez

en reserva natural

en campo de experimentación

en matadero

***

Tú pronuncias mi nombre

como si fuera un estanque

Tú has despojado

mis orillas

Garza

tú reinas sobre mis aguas

***

Me gusta sentirte

sobre mí

puente derrumbado

Mi cauce

te acogerá

y pulirá tus piedras

***

De cara a la muerte

mi padre evoca su pasado -

su corazón se abre

como un viejo armario

que cruje

Repentinamente

nos ahogamos

bajo una capa

de polvo espeso

***

Mi madre está muerta -

La conservo como las lágrimas

Que no puedo verter

Fuente: http://www.letrasenlinea.cl/?p=575

http://video.google.com/videoplay?docid=6646211444606346397

Nuit et brouillard, de Alain Resnais.

Béla Tarr, The Turin Horse (2011)

Hijas del pájaro de fuego

Sólo mi aullido de ave silenciosa alumbrará a los que aún están en tierra

(Rocío Álvarez Albizuri)

No violéis al pájaro más pequeño

no introduzcáis vuestro obsceno ojo

en su pureza

(Mar Benegas)

Gesticulas como un ciego y tu máscara blanca cubre el animal que eres. Sin cráneo rezas porque acabe el sueño carmín. Pájaros coagulados que al cruzar el umbral se alimentan de tus entrañas.

(Begoña Callejón)

Algunas mañanas, al pájaro de las alas amputadas le duele el vuelo.

(Carmen Camacho)

Pájaro despojado clama al cielo

no tengo cuerpo no lo quiero

y encuentra una férrea pared

(Maite Dono)

El animal que olvida la distancia

(Ana Gorría)

Se ahueca con los dedos una forma de nido. Por aparición y contacto se coloca uno dentro primero. Después se suelta el pájaro.

(Ruth Llana)

Mujer-pájaro

Mujer-hélice

Mujer- correa transitada hacia el margen

(Laia López Manrique)

Una piel impotente

en lugar de garras

en lugar de pico

unos labios cortados.

(Sandra Martínez)

Ahora la calle se ha llenado de pájaros negros que esperan a la puerta de una iglesia, bajo el agua. Una niña sin zapatos ha aparecido en el dintel de la puerta, y ya, otra vez, todo es subterráneo.

(Valerie Mejer)

Antes de ser mujer

fui pájaro

y fui niña.

(Luna Miguel)

Mi ave es una mente mamífera que sobrevuela la vida

y se estremece cuando entiende

que el limbo está en los músculos

(Olga Novo)

Para conocer una ciudad tienes que conocer sus pájaros

(Emily Roberts)

De nuevo la locura

toma forma de pájaro

(María Ramos)

***

HIJAS DEL PÁJARO DE FUEGO

Edición y prólogo de Ana Tapia.

FIn de Viaje Ediciones, 2012.

http://www.edicionesfindeviaje.es/

(Source: waliszewska)

Monos como Becky, un documental de Joaquim Jordà.

                ´”La tradición del documental no tiene mucho predicamento en el cine español actual a pesar de que en los últimos años se han producido algunos documentales (Asaltar los cielos, El sol del membrillo) que han resultado estar entre lo mas aplaudido de nuestra historia cinematográfica.

            “Monos como Becky” es algo más que un documental y también algo más que un filme de denuncia. Firmada por Joaquim Jordá y Nuria Villazán es un testimonio sincero e implacable sobre lo que se sigue cociendo en el interior de los hospitales psiquiátricos. El director y los protagonistas del filme han vivido en sus propias carnes la experiencia de la locura y la experiencia de ser internados e intervenidos, de tener que reinventarse a sí mismos y  al mundo que les rodea, y los propios autores se incorporan finalmente al mecanismo mismo de la representación cinematográfica.

            El filme parte como una aproximación biográfica caleidoscópica a una figura psiquiátrica polémica: Egas Moniz, el psiquiatra portugués (premio Nobel) que introdujo la psicocirugía ( con técnicas como la lobotomia en el lóbulo frontal) como forma de “solucionar” los problemas de los pacientes esquizofrénicos con crisis agudas y violentas. El resultado de la lobotomía, es bien sabido, no es sólo dar la paz al paciente y los que le rodean,  sino despojarle a la vez de una parte importante de sus sentimientos y capacidades convirtiéndolos en seres sumisos y sin personalidad propia. La lobotomía y el atentado de un enfermo mental contra Moniz son elegidas como símbolo de la psiquiatría tradicional y de la revuelta desesperada de sus víctimas. Como contrapartida el director de “Monos como Becky” propone a los enfermos de una Comunidad Terapéutica de Martutene la realización de una función sobre la vida de Moniz y la filmación de un documental sobre la preparación de la función. El resultado es una experiencia enriquecedora que sirve a los pacientes y a los propios creadores (que se sitúan del lado, siempre arbitrario, de la locura) para exorcizar algunos de sus fantasmas más íntimos  y para lanzar una arenga lírica y desgarrada a la sociedad sobre la necesidad de la terapia y la atención individualizadas y el diálogo con los enfermos. Un discurso que, en estos tiempos de involucionismo en cuestiones sociales y cuando la psiquiatría tradicional parece haberse impuesto definitivamente sobre las interesantes propuestas de la antipsiquiatría, resulta, cuando menos, revulsivo. “Monos como Becky” mezcla las imágenes documentales en blanco y negro de los testimonios de familiares y conocidos de Moniz con las opiniones de psiquiatras, sociólogos y filósofos y con la preparación de la función por parte de los internos que se introducen en el interior de los personajes que rodearon al prestigioso psiquiatra en sus años de mayor celebridad.. El doctor Moniz experimentó su primera lobotomía en una orangutana llamada Becky y su éxito le decidió a experimentar en pacientes humanos siendo imitado por otros médicos y premiado por su “descubrimiento” y su “aportación a la ciencia”. Pero los resultados fueron muy  pronto cuestionados por los que veían en la lobotomía, y por extensión en la mayor parte de las prácticas psiquiátricas (consistentes, aún hoy, sobre todo, en psicofármacos, terapias agresivas y ningún diálogo con los enfermos) una forma de reeducación sociopolítica y una técnica para reducir al silencio a aquellos, que desde su delirio, se atrevían a cuestionar con su lenguaje y su diferentes forma de vida , las normas sociales y morales de su época. “

 

(Fuente: http://www.hartza.com/becky.htm)