Ser Orestes/Georges Bataille


Ser Orestes

El tapete verde es esta noche estrellada en la que caigo, arrojado como el dado en un campo de posibles efímeros.
No tengo una razón para “considerarla mala”.
Siendo una caída ciega en la noche, supero mi voluntad a mi pesar (que no es en mí más que algo dado); y mi miedo es el grito de una libertad infinita.
Si no superase de un salto la naturaleza “estática y dada”, estaría definido por las leyes. Pero la naturaleza juega conmi­go, me arroja. LEJOS de sí misma, más allá de las leyes, de los límites que la hacen amada de los
 humildes.

Soy el resultado de un juego, lo cual, si yo no existiera, no sería, lo cual podía no ser.

Soy, en medio de una inmensidad, un más que desborda esta inmensidad. Mi dicha y mi ser mismo dimanan de ese carácter desbordante.
Mi estupidez ha bendecido la naturaleza caritativa, arrodi­llada ante Dios.
Lo que soy (mi risa y mi dicha ebrias), no es por eso menos aventurado, confiado al azar, arrojado fuera en la noche, expulsado como un perro.

El viento de la verdad ha respondido como una bofetada a la mejilla ofrecida de la piedad.
El corazón es humano en tanto en cuanto se rebela (eso quise decir: ser un hombre es “no inclinarse ante la ley”).
Un poeta no justifica –no acepta- por completo la naturaleza. La verdadera poesía se halla fuera de las leyes. Pero la poesía, por último, acepta la poesía.

¡Cuándo aceptar la poesía la convierte en su término contrario (se vuelve mediadora de una aceptación)! Contengo el salto con el que superaría el universo, justifico el mundo que nos es dado, me conformo con él.

¡Insertarme en lo que me rodea, explicarme o no ver en mi insondable noche, sino una fábula para niños (tener una imagen o física o mitológica de mí mismo)! ¡No!…

Renunciaría al juego.

Me niego, me rebelo, pero porqué perderme. Si delirase sería simplemente natural.

El delirio poético ocupa un lugar en la naturaleza. La justifica, acepta embellecerla. El rechazo pertenece a la conciencia clara, que valora cuanto le acontece.

La clara distinción de los diversos posibles, el don de llegar hasta el último confín, son resultado de la atención serena. El juego sin retorno de mí mismo, el ir más allá de todo lo dado exige no sólo esa risa infinita, sino también esta meditación lenta (insensata, pero por exceso).

Es la penumbra y el equívoco. La poesía aleja al mismo tiempo de la noche y del día. No puede ni cuestionar ni accionar este mundo que me traba.

Esa amenaza suya se mantiene: la naturaleza puede aniqui­larme —reducirme a lo que ella es, anular el juego al que yo juego por encima de ella— que exige mi locura, mi alegría, mi vigilia infinitas.

Relajarse retira del juego y el exceso de atención, lo mismo. El arrebato jubiloso, el salto desatinado y la calma lucidez se le exigen al jugador, hasta el día en que le abandona la suerte o la vida.

Me acerco a la poesía; pero para ofenderla.





En el juego que supera la naturaleza, es indiferente que yo la supere o que ella se supere en mí (ella es quizá toda entera exceso de sí misma), pero, con el tiempo, el exceso se inserta al fin en el orden de las cosas (moriré en ese momento).

He necesitado, para aprehender algo posible en medio de una evidente imposibilidad, figurarme primero la situación inversa.

Suponiendo que yo quiera limitarme al orden legal, tengo pocas posibilidades de lograrlo por entero: pecaré de inconse­cuente, de rigor desafortunado…

En el rigor extremado, la exigencia de orden detenta un poder tan grande que no puede volverse contra sí misma. En la experiencia que de ello tienen los devotos (los místicos), la persona de Dios está situada en la cúspide de un sinsentido inmoral: el amor del devoto realiza en Dios —con el que se identifica— un exceso que, si lo asumiera personalmente, lo hincaría de rodillas, asqueado.

La reducción al orden fracasa, de cualquier modo: la devoción formal (sin exceso) conduce a la inconsecuencia. Por tanto, la tentativa inversa tiene probabilidades. Le es preciso seguir caminos tortuosos (risas, náuseas incesantes). En el plano en el que se representan esas cosas, cada elemento se convierte en su contrario incesantemente. Dios se carga de pronto de “horrible grandeza”. O la poesía deriva hacia el embellecimiento. A cada esfuerzo que hago por aprehenderlo, el objeto de mi anhelo se convierte en el contrario.

El fulgor de la poesía se manifiesta fuera de los momentos que alcanza en un desorden de muerte.

(Un común acuerdo sitúa aparte a los dos autores que sumaron al de la poesía el fulgor de un fracaso. El equívoco está ligado a sus nombres, pero uno y otro agotaron el sentido de la poesía que acaba en su contrario, en un sentimiento de odio a la poesía. La poesía que no se eleva al sinsentido de la poesía no es más que el vacío de la poesía, que la poesía bella.)





¿Para quién son esas serpientes?

Lo desconocido y la muerte… sin el mutismo de res, el único suficientemente sólido en tales caminos. En lo desconocido, ciego, sucumbo (renuncio a la eliminación razonada de los posibles).

La poesía no es un conocimiento de sí, y menos aún la experiencia de un lejano posible (de lo que anteriormente no existía) sino la simple evocación con palabras de posibilidades inaccesibles.

La evocación tiene sobre la experiencia la ventaja de una riqueza y de una facilidad infinita pero aparta de la experiencia (esencialmente paralizada).

Sin la exuberancia de la evocación, la experiencia sería razonable. Comienza a partir de mi locura, si la impotencia de la evocación me asquea.

La poesía abre la noche al exceso del deseo. La noche que han dejado los estragos de la poesía es en mí la medida de un rechazo —de mi loca voluntad de desbordar el mundo—. También la poesía desbordaba ese mundo, pero no podía cambiarme.
Mi libertad ficticia aseguró ante todo que no destruía la ley de lo dado por la naturaleza. Si me hubiera conformado, me habría sometido con el tiempo a la dimensión de lo dado.

Continuaba cuestionando los límites del mundo, al ver la miseria de quien con ellos se conforma, y no pude soportar por mucho tiempo lo fácil de la ficción: yo le exigía la realidad, me volví loco.


Si mentía, me quedaba en el plano de la poesía, de una superación verbal del mundo. Si perseveraba en una denigración ciega del mundo, mi denigración era falsa (como la superación). En cierto modo, mi conformidad con el mundo se profundizaba. Pero al no poder mentir a sabiendas, me volví loco (capaz de ignorar la verdad). O al no saber ya, para mi solo, representar la comedia de un delirio, me volví loco pero interiormente: viví la experiencia de la noche.

La poesía dio simplemente un giro: escapé por ella del mundo del discurso, que para mi se había convertido en el mundo natural, entré con ella en una especie de tumba donde la infinitud de lo posible nacía de la muerte del mundo lógico.

Al morir la lógica, daba a luz locas riquezas. Pero lo posible evocado no es sino irreal, la muerte del mundo lógico es irreal, todo es turbio y huidizo en esta oscuridad relativa. Puedo burlarme de mí mismo y de los demás: ¡todo lo real carece de valor, todo valor es irreal! De allí esa facilidad y esa fatalidad de deslizamientos en los que ignoro si miento o estoy loco. La necesidad de la noche procede de esa situación desafortunada.

La noche no podía sino desviarse de todo ello.

El cuestionarlo todo nacía de la exasperación de un deseo, ¡que no podía abocar al vacío!

El objeto de mi deseo era, en primer lugar, la ilusión y no pudo ser más que en segundo lugar el vacío de la desilusión.

El cuestionamiento sin deseo es formal, indiferente. No es de ello de lo que podría decirse: “Es idéntico al hombre”.

La poesía revela un poder de lo desconocido. Pero lo desconocido no es más que un vacío insignificante, si no es el objeto de un deseo. La poesía es término medio, oculta lo conocido en lo desconocido: es lo desconocido ornado de los colores cegadores y de la apariencia de un sol.

Deslumbrado por mil figuras en las que se componen el tedio, la impaciencia y el amor. Ahora mi deseo sólo tiene un objeto: lo que hay más allá de esas mil figuras y la noche.
Pero en la noche miente el deseo, y de esa forma, deja de parecer su objeto. Esa existencia que yo he llevado “en la noche” se asemeja a la del amante cuando muere el ser amado, a la de Orestes al enterarse del suicidio de Hermione. No puede reconocer en la naturaleza de la noche “lo que ella esperaban”.
Poemas de Anise Koltz (Luxemburgo, 1928)


Abattez mes branches

sciez-moi en morceaux

les oiseaux continuent à chanter

dans mes racines

Des pierres lancées

contre moi

j’ai construit les murs

de ma maison

***

Marcher

sans rien atteindre

jusqu’à devenir chemin

***

L’oiseau en plein vol

se jette

contre le soleil

et le fracasse

Chaque soir

le paradis brûle

***

Il n’y a pas de différence

entre l’intérieur et l’extérieur

entre les paroles et les pierres

En les soulevant

tu me trouveras

orvet

enroulée sur moi-même

***

J’ignore

si je vis dans l’ordre

ou le désordre

Si aujourd’hui est hier

ou demain

Ou les deux ensemble

***

Ma porte d’entrée

fournira le bois

de mon cercueil

Que la possibilité

de l’ouvert demeure

***

Tu dors

face au mur

écran de tes rêves

qui projette les tares secrètes

de ton sang

***

Un homme puissant

comme un fleuve

traverse mon lit

Il le transforme

à la fois

en réserve naturelle

en champ d’expérimentation

en abattoir

***

Tu prononces mon nom

comme celui d’un étang

Tu as dépossédé

mes rives

Héron

tu régnes sur mes eaux

***

J’aime te sentir

sur moi

pont écroulé

Ma rivière

t’accueillera

et polira tes pierres

***

Face à la mort

mon père évoque son passé -

son cœur s’ouvre

telle une vieille armoire

qui craque

Soudainement

nous suffoquons

sous une couche

de poussière épaisse

***

Ma mère est morte -

Je la retiens comme les larmes

que je ne peux verser



Abatid mis ramas

cortadme en pedazos

las aves continúan cantando

en mis raíces

Con las piedras arrojadas

contra mí

he construido los muros

de mi casa

***

Andar

sin llegar a nada

hasta convertirse en camino

***

El ave en pleno vuelo

se arroja

contra el sol

y lo hace pedazos

Cada atardecer

el paraíso arde

***

No hay diferencia

entre el interior y el exterior

entre las palabras y las piedras

Al levantarlas

me encontrarás

anfisbena

enrollada sobre mí misma.

***

Ignoro

si vivo en el orden

o el desorden

Si el día de hoy es ayer

o mañana

O los dos a la vez

***

Mi puerta de entrada

proveerá la madera

de mi ataúd

Que la posibilidad

de lo abierto permanezca

***

Duermes

de cara al muro

pantalla de tus sueños

que proyecta las taras secretas

de tu sangre

***

Un hombre poderoso

como un río

atraviesa mi lecho

Lo transforma

a la vez

en reserva natural

en campo de experimentación

en matadero

***

Tú pronuncias mi nombre

como si fuera un estanque

Tú has despojado

mis orillas

Garza

tú reinas sobre mis aguas

***

Me gusta sentirte

sobre mí

puente derrumbado

Mi cauce

te acogerá

y pulirá tus piedras

***

De cara a la muerte

mi padre evoca su pasado -

su corazón se abre

como un viejo armario

que cruje

Repentinamente

nos ahogamos

bajo una capa

de polvo espeso

***

Mi madre está muerta -

La conservo como las lágrimas

Que no puedo verter

Fuente: http://www.letrasenlinea.cl/?p=575

Begoña Callejón/ Hermana muerte (en Sangrantes)

sangrantes:

HERMANA MUERTE

Estás en el rojo terciopelo de mi vientre, en los gritos secretos que anuncian mi temblor de niña herida. Quiero mostrarme desnuda ante ti. Quiero que dispares el gatillo, que me ahorques, que me asfixies, que abras mis ojos hacia los horizontes marinos. De noche buscas a tus hijas iniciadas en el mal. No quiero que me salves. No lo repitas. Las campanas tocan a muerto. Invítame a ser un ama de cría. Mis manos abiertas reclaman sangre. Mi útero estrecho busca un pájaro desplumado. Nuestros besos mueren, tu lengua, la de mi hermana, la tuya, la mía. Si me tiendo en la cama me pudriré. Baja conmigo las escaleras. Cuece un caldo espeso para el diablo. Brotan lágrimas de mis senos. La luna celosa, ocupa mis ojos.


*****

Begoña Callejón (Almería, 1976) es poeta, narradora y editora. Ha publicado varios poemarios entre los que destaca el más sangriento de la literatura española contemporánea: “Cenicienta en sangre”. 

Una entrevista con Iván Humanes acerca de Deriva (PUZ, 2012).

Julia Kristeva

Presentación de Deriva en Barcelona

Deriva  (PUZ, 2012) se presentará en Barcelona el próximo miércoles 30 de mayo a las 19h en la librería La Central del Raval (C/Elisabets, 6-08002 Barcelona).

Intervendrán en la presentación Antonio Rodríguez y Òscar Solsona.

Aquí os dejo el enlace a la web de la librería donde se anuncia la presentación, y aquí una pequeña invitación: Presentación Deriva.

¡Seréis todos bienvenidos!

Collage original de Adriana Petit: www.adrianapetit.com

Deriva ya es un cuerpo

Deriva ya es un cuerpo.

Un cuerpo asombrado, con manchas y pliegues.

Y yo sé que lo mejor de este libro van a ser sus lectores. Los amigos, que ya están y dicen. Y quien en su lugar aparezca.

Agradecer es poco.

Imagen

*Fotografía de Pepe Maiques

Deriva

Laia López Manrique
Prensas Universitarias de Zaragoza
La Gruta de las Palabras, 78
2012, 56 pp.; 13 x 19
978-84-15538-10-3

Más información en la web de Prensas Universitarias de Zaragoza: http://puz.unizar.es/detalle/1343/Deriva-0.html

Nota de la Universidad de Zaragoza:

http://www.unizar.es/actualidad/ficheros/20120426/7937/gp_78unizar.pdf

A la venta en librerías, en la web de Prensas Universitarias, http://puz.unizar.es, y en la tienda-librería del edificio Paraninfo, en horario de 10.00h a 14.00 h, y de 17.00h a 21.00h, de lunes a sábado.

Irena Dubrovna en la Revista Détour/Laia López Manrique

Una colaboración en la Revista Détour: el poema Irena Dubrovna, sobre el inolvidable personaje de la mujer pantera de Jacques Tourneur (Cat People, 1942). 

http://www.detour.es/bande/laia-lopez-manrique-irena-dubrovna-cat-people.htm

Era una sonrisa con mucha luz
dentro, y apetecía
entrar en ella,
quitarse la ropa, quedarse
desnudo dentro de aquella sonrisa.

Álex Chico sobre su poemario Dimensión de la frontera (Ediciones Isla de Siltolá, 2011)

Poema/ Stefano Massari

Stefano Massari

Roma, 1969

salgo . el lobo prende fuego a la noche .

tengo la lengua llena de pozos . 

 como si fuera el cauce de tierra

donde caminas y excavas .

soy yo la lana que te venda las manos .

el viento que remansa en tu cuello .

la libertad que esperas detrás del silencio .

* * *

la verdad con que estrecho tu sueño en nuestras mañanas  

 no tiene nombre en ninguna vida

es sólo herida fiel en la espalda 

  mano que aspira entera a protegerte  

   de la obra nerviosa

del hierro y de los destinos


En: Campo de Retama. 13 poetas italianos contemporáneos. Selección y traducción de Eloy Santos.

Publicado por Fundación Inquietudes (2010). http://www.fundacioninquietudes.org/docs/publicaciones/Manual-de-instrucciones-03-Campo-de-retama.pdf


El País ¿Qué función cumple la poesía ante la crueldad del mundo?
Wislawa El mundo es cruel, pero merece también otros calificativos más compasivos. Si únicamente fuera cruel, la gente hace mucho tiempo que no estaría aquí. Habría aquí y allá algunos escombros y crecerían algunas plantas. Plantas anónimas, porque no habría nadie que les diera nombre.

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